Estaba
bastante decepcionado, pretendía irse a la cama con la tormenta de fondo,
quedarse dormido con el sonido de la lluvia golpeando el tejado de uralita situado en la galería interior. Hacía ya una hora que había
parado de llover. Se puso un pantalón de pijama, y cogió la camiseta más
vieja de su armario. Se vestía como quien va a la guerra, sin saber si volvería
a casa. Encendió una pequeña lámpara. Era pronto pero estaba agotado, cansado
de no hacer nada y pensarlo todo.
Abrió el libro que desde antes del verano parecía no terminar nunca, leía a tramos pequeños, minúsculos, intentando no perderse el más mínimo detalle. Se amontonaban sus lecturas, pero se daba cuenta que entender aquel libro merecía pagar aquel precio. Estaba siendo hasta ahora una bonita lucha entre él mismo y todos los personajes creados por aquel escritor nacido en Madrid.
Leía con seriedad:
"...el espejismo típico, intuir lo que no es, el deseo obliga a ver lo que el deseo dibuja ¿Y la realidad? Me llama. Habla conmigo."
Repetía. Una y otra vez, intentando entender, aprender
Fuera la tormenta comenzaba a jugar la segunda parte. No tardó mucho en caer rendido.
Abrió el libro que desde antes del verano parecía no terminar nunca, leía a tramos pequeños, minúsculos, intentando no perderse el más mínimo detalle. Se amontonaban sus lecturas, pero se daba cuenta que entender aquel libro merecía pagar aquel precio. Estaba siendo hasta ahora una bonita lucha entre él mismo y todos los personajes creados por aquel escritor nacido en Madrid.
Leía con seriedad:
"...el espejismo típico, intuir lo que no es, el deseo obliga a ver lo que el deseo dibuja ¿Y la realidad? Me llama. Habla conmigo."
Repetía. Una y otra vez, intentando entender, aprender
Fuera la tormenta comenzaba a jugar la segunda parte. No tardó mucho en caer rendido.
Bienvenido Noviembre: hora de terminar, entender, aprender.
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