Acabo de morir. Creo que es la vigésima vez que lo hago a lo largo de mi vida. Y ya no me
ves, luego no nos conocemos. Y como ya no podemos hablar, puedo escribir largo
y tendido sin miedo. Sobre ti. Sobre un "nosotros" que nunca existió
desde que tus sentimientos enfermaron de agorafobia.
Ahora que he muerto he aprovechado mi situación y me he ido muy
lejos, debo estar en China por lo menos. Aquí me obligan a olvidarme de ti a punta
de pistola. Han apagado las luces hace un rato y tengo que decirte que
a pesar de todo, hoy no es el día más triste de mi vida. Esta vez prefiero culparme de todos los delitos, de todo lo sucedido entre tú y
yo. El crimen perfecto. Me declaro culpable. Nunca he sido un
ciudadano ejemplar.
Rendición o abandono, me quedan millones de asuntos pendientes
contigo, me conformo con pocos, y me quedaría con ninguno.
Nunca des tus datos a la chica de la lavandería...
ResponderEliminar400 gramos de avería y redención;400 gramos de insatisfacción.