Y pensándolo bien, me conformo con menos...






domingo, 28 de febrero de 2010

Culpables


Se busca al responsable de este “desastroso desastre”. Se ha cometido un crimen con redundanciaSe le acusará de la desaparición de un gran número de islas desiertas. Por arte de magia o no, se han desvanecido como cenizas en el aire. Nadie ha vuelto a ver aquellos islotes deshabitados, repletos de silencio y palmeras tan altas como la luna. 

¿Qué vamos a hacer ahora nosotros los náufragos? 
¿Dónde iremos a parar exhaustos y desorientados?

Debo negarme a seguir al vaivén de las olas una vez mas, sin destino, sin rumbo, y sin ninguna isla donde caer muerto o dormido.

¿Cómo huir ahora si no hay tierra de nadie? 
¿Desde donde lanzaremos ahora las botellas sin mensaje? 

Sin islas desiertas todo es un poco más difícil.

"¿Y cómo huir cuándo no quedan islas para naufragar?"
Peces de ciudad (J. Sabina)

lunes, 15 de febrero de 2010

Lluvia


Salir a la calle, notar la ausencia de calor, y luego darse cuenta que hace mucho frío. 

La humedad ha decidido jugar al escondite, pero tú nunca la encuentras, perdiendo así siempre la partida. Hasta que te rindes, aunque sepas que está ahí, oculta entre ruidos de claxon y luces que parpadean. 

Esperas un autobús y te da lo mismo del color que sea porque solo quieres que te lleve lejos, muy lejos, y que te permita algún día volver a casa, tal vez cuando te arrepientas, cuando empieces a echar de menos, cuando llegue el sol  y aparezca en escena el calor, la ausencia de frío.

Por el momento, voy a quedarme esperando con este fino olor a lluvia.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Miércoles


Miércoles, querías ser jueves cuando fueses mayor pero te enredaste hablando con el martes, se te hizo tarde, y no llegaste a las pruebas de acceso. Miércoles, que amaneces aburrido y por la noche caes mejor a los chicos del barrio. Miércoles, que tienes la suerte o la desgracia de no conocer los domingos por la tarde, ni la fiebre del sábado noche. Miércoles, que te enamoraste del lunes cuando de verdad querías compartir tu vida con el viernes, y al final, te quedaste solo, en medio del camino, sin saber a dónde ir, sin rima fácil, sin día del espectador en los cines del casco viejo.



Hoy es miércoles. Ayer solo fue martes.

Y sin embargo, que envidia te tienen todos.

martes, 2 de febrero de 2010

Hoyuelos


Allí estaba ella, radiante y sentada en las escaleras de la vieja biblioteca, rodeada de amigas escuchando la historia que contaba una de ellas. Entre sonoras risas, pude esbozar su sonrisa, que aunque tímida, destacaba de todas las demás igual que la estrella polar. 

No es la primera vez que veo esa sonrisa, ya la había visto en los niños esperando probar su primer helado en verano. De vainilla, chocolate, fresa o nata, si te digo la verdad a mi me da lo mismo. Todos los helados son igual de dulces en verano.

Aquel dia pasé por su lado como el hombre invisible, como los ciclistas del paseo marítimo de mi ciudad, y me bastaron pocos segundos para darme cuenta de que por culpa de esos hoyuelos, conciliar el sueño no iba a ser fácil esa noche. Huyo de toda exageración no se equivoquen. Hiperbolizar no es gratuito. Aquella sonrisa era la mejor amiga de soñadores sin inspiración, mendigos de musas, y otros buscadores de oro. Pensé demasiado en ella, temiendo que me pudiese llevar a la locura, o peor aún, convertirme en eterno noctámbulo y no poder dormir, no poder soñar.

Seguí mi camino, y ella siguio sonriendo ajena al resto de viandantes. Entonces en silencio, me enamoré un poco más.