Olía a cerrado. Cuesta moverse en la oscuridad absoluta, todo
estaba lleno de polvo y hacía mucho tiempo que no subía a la vieja buhardilla.
Muebles, marcos que antaño acompañaron cuadros, baúles, cajas amontonadas,
nostálgico paisaje. Siempre que iba de visita olvidaba subir a la que fue su habitación
preferida en su infancia. Aun guardaba una bolsa de recuerdos de cuando era niño y las horas allí no pasaban. Era paradójico pensar cómo en tan pocos metros cuadrados había vivido tantas
aventuras, tantos sueños e ilusiones. Algunas todavía permanecían con
él, como si no quisieran abandonarle. Él sabia que el día que desapareciesen, quedaría
desnudo al mundo como los árboles del parque en Invierno. Vulnerable
Encontró su caja de tesoros escondidos, antes demasiado valiosos
como para mostrarlos o compartirlos, y ahora al borde del precipicio, entre
olvido, esperanza, y las ganas de volver a ser un Geyperman.
Juguetes rotos por el paso del tiempo, piedras con formas anormales, cromos, y varias libretas. Letras y bocetos de cuando quiso ser dibujante y escritor a partes iguales. "Donde
está la canción que me hiciste cuando eras poeta, terminaba tan triste que nunca
la pude empezar". "Cuando las Apariencias Engañan" era el
título de su primer intento de novela y el nombre de ella, su primer capítulo. "La rubia platino era en realidad morena", encontró escrito en el prologo. El resto, hojas en blanco.
Respiró tranquilo, con la calma de un náufrago.
Cogió el abrigo y se marchó. Sin billete de vuelta. Fuera seguirá haciendo frío.