Y pensándolo bien, me conformo con menos...






miércoles, 19 de enero de 2011

Viejo Barrio


"...camina por la calle, un hombre discute con violencia con una mujer, parecen drogados. La gente mira de lejos, pero nadie interviene. En la parada de autobús hay un cartel con una modelo que anuncia lencería femenina. Alguien ha escrito con un rotulador azul, encima de su vientre (mamadas a diez euros), tres estudiantes caminan ruidosos por la acera. Un hombre detiene un taxi, en el semáforo una niña rumana limpia cristales de coches mientras los conductores tratan de eludirla. En su caseta, un vendedor de lotería ciego escucha la radio. Dos mujeres avanzan por la acera, caminan juntas pero cada una sostiene una conversación por el móvil..."

Y entonces añadí...

Avanza hacia su casa una señora con bolsas de la compra empujando un carro, y mientras el niño llora. Pero en la calle hay tráfico y los sollozos pasan desapercibidos. La ropa esta tendida en el primer piso y los chavales juegan a ver quien es capaz de tocar una prenda de un salto.
Baja en la parada del 28 una mujer recién jubilada, viene del mercado y parece ausente pese a que sabe muy bien  donde se dirige. Las gitanas vociferan, intentando atraer la atención de los viandantes. Una de ellas vende romero o algo parecido; en el lado opuesto de la calle la otra gitana vende bragas con más énfasis pero con el mismo resultado. Sin demanda, venta cero. Nada se altera cuando el gorrilla comienza a discutir con la "mujer de la ORA" y un señor mayor con boina bastón. Se escuchan impuestos, derechos, libertades, el Estado, racismo, y algún "yo no robo, yo no soy ladrón". Desistiendo de rebatir, victoria para el viejo rumano por abandono y perfecta oratoria. Experiencia y mucha calle. Y a treinta metros, un policía local que autista, pone multas como quien hace la lista de la compra. Luego se arrepiente y las convierte en bolas de papel. Rutina. Tiene cara de preocupación, la que tienen los padres cuando no saben cómo pagar la boda de su hija. Los embarazos deberían ser regalos, y los penaltis siempre a favor. Piensa entonces convenciéndose que el chico trabaja duro y parece ser que la quiere de verdad. Ya es hora de pedir un aumento. Optimismo a ciegas. 

Sale humo del taller de carpintería. Su dueño es un anciano que sentado en una silla de mimbre se fuma un puro y supervisa la productividad. La jubilación no es para mi, demasiados años en el negocio. Y cruza por la puerta alguien que llega tarde. Anda apresurado el esquizofrénico, que hablado solo consigue que todos se alejen de él. Nadie le hace caso pero a veces sus palabras cobran un sentido mayor que las de cualquier político. La heroína a veces es ambiciosa con sus consecuencias.

Un tunecino corpulento apoyado en la farola mantiene abierta su frutería recién inaugurada. Cerrará entrada la noche. En ese momento un hombre saldrá del bingo y se habrá dejado todo su salario. Con cara de muerte reconocerá que a fin de mes no llegará. Extraña mezcla entre enfermedad, mala suerte y un divorcio inesperado. El rock nació en un barrio. Mañana será otro día. 

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