Mandé
una carta con mis condolencias a la resaca dominical. Le di el pésame a
los búhos. Y ahora, presentada mi dimisión a la noche, a sus confusiones y a sus terribles y preciosas consecuencias, me he dado
cuenta de que lo malo de madrugar es que a esas horas en la calle no te crucas con nadie
interesante.
No
ha salido el sol todavía, la luna ha abandonado el escenario, y las avenidas
adquieren un tono grisáceo bastante fúnebre. Lunes. Con innata depresión. Sonríe, la pelota no se mancha.
Jeje. Hoy he empezado a trabajar a las nueve de la madrugada.
ResponderEliminarUn abrazo burguete, eres grande! Lo de la dimisión a la noche me ha gustado.
Tomo mantiene un tono onírico y surrealista que me divierte!