El
éxito no es más que una cama lo suficientemente grande donde tienes la
sensación de que no existen límites y es imposible que te caigas. El éxito es
estar muy cansado y tener una noche por delante. El éxito es un pijama doblado
y limpio y unas sabanas que huelen a suavizante olor “gracias por todo mamá”. El éxito es poder irte a dormir sin poner la alarma del móvil un minuto
antes de estar soñando. El éxito es no madrugar y no sentirte un criminal de
guerra por no hacerlo. El éxito es mi almohada (o la tuya). El éxito está en tu
habitación y todavía no te has enterado.
“No,
el éxito no se lo deseo a nadie. Le sucede a uno lo que a los alpinistas, que
se matan por llegar a la cumbre y cuando llegan, ¿qué hacen? bajar, o tratar de
bajar discretamente, con la mayor dignidad posible”
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