Ella. Como cuando andas por la orilla de la playa con los pies
desnudos, la arena húmeda colándose entre los dedos, la frescura de infinito
mas mil diminutos granos; surge esporádica esa extraña sensación de que todo va bien.
Conozco una niña que cuando madruga es muda hasta pasado el mediodía. Desayunar vuelve a tener sentido, aunque en mi mente hable por los codos.
Ella. Ni entiende ni quiere entender los versos de Vetusta Morla. “Romance en 625 líneas” es
absurdo y poco creíble. No uses palabras como “pluscuamperfecto amplificado”,
no le afectará. Vas a tener que conjugar el verbo “demostrar” más de una vez. Y
solo así no crecerán mentiras, no habrá tiempo para sembrarlas; la teoría
llevada a la práctica, las palabras maquilladas transformadas en desnudas
acciones, lo abstracto hecho realidad… (Algo así como la historia de Pinocho
pero dirigida por Amenábar).
Condiciones inapelables.
Conozco una niña que consiguió que apreciara el encanto de las palabras esdrújulas: estabilidad, mofletes, gastronomía… Aunque si te digo la verdad no se que significa esdrújula. Brujita.
Ella. Prefiere esquivarlos, teme a los malos equilibristas, aquellos que caen por soberbia de la delgada línea que hay entre el capricho y el vicio.
Conozco una niña. Y ahora que lo preguntas, tampoco es tan niña.
Ella. No soy capaz de leerme por vergüenza, por su culpa. Los tipos duros no bailan. Si me he hecho fiel, casi fanático, a la religión de la casualidad, es por su culpa. Si mi relación con la almohada se ha estancado es por su golpe de cadera. Lo peor de todo es que ha conquistado al jurado con un par de miradas y si la llevo a juicio tengo todas las de perder.
Conozco una niña que dibuja mapas del sol, se sabe de memoria sus posiciones. Cabellos rubios al azar como recompensa por tanta dedicación.
Ella. Puestos a inventar o a exigir, si existiese final, como Cleopatra y Marco Antonio. Juntos. Siameses divididos por una distancia precisa.
Conozco una niña, y me acojona la felicidad cuando viene por adelantado. Rechazarla seria de completo idiota. Abrazarla es de valientes. Olvidar todo lo aprendido por la educación del miedo.
Ella. Si tuviera que medir los decibelios de los gritos de mi voz interior cuando me sonríe…
Conozco una niña que no me importaría estudiarmela durante toda la noche. Solo pruebas si vas a clase.
Ella. Mi vocación forzosa, transparente obligatoria, mi destino posible e improbable. Los adjetivos que empiezan por “i” solo complican la vida.
Conozco una niña que si fuera canción sonaría como alguna de Christina Rosenvinge.
Ella. Puede ser una cima inalcanzable, como las que rodean el Nepal. Tiene el síndrome de los icebergs de Groenlandia, si te impresiona por fuera es porque no has visto lo que hay debajo.
Conozco una niña y no pediré perdón por tener esa suerte. Lo hice queriendo (de querer).