Vivía sin prisas, sin pausas, y con un remordimiento que desde
hacia tiempo ya no le gritaba. Tiene sus privilegios vivir con los instintos mudos.
Odiaba las golondrinas, se nombraban en demasiados poemas. Era fan del
invierno y “último groupie” del verano.
Con el primer frío de Noviembre vestía con batín, y era difícil que se despegara de él. Era entonces cuando no existían definitivamente los problemas en su día a día. Se sentía cómodo entre algodones. Como los lunes siempre daban lluvias no iba a clase y disfrutaba vagando por casa, durmiendo por placer entre mantas y más mantas. Adoraba esos días de merodear por el pasillo a bordo de su viejo batín marrón y sus calcetines blancos. Tenía un buen sofá pero no era culpa suya.
En verano iba desnudo por casa. Todo era distinto cuando se abría el telón y aparecía el calor sofocante. Detestaba los pájaros mojados que nombraban en las canciones. Era entonces cuando brotaba una de sus muchas pasiones: le encantaba cocinar. Sin embargo, aquel fin de semana había sido duro. Descolgó el teléfono y pidió comida china.
Con el primer frío de Noviembre vestía con batín, y era difícil que se despegara de él. Era entonces cuando no existían definitivamente los problemas en su día a día. Se sentía cómodo entre algodones. Como los lunes siempre daban lluvias no iba a clase y disfrutaba vagando por casa, durmiendo por placer entre mantas y más mantas. Adoraba esos días de merodear por el pasillo a bordo de su viejo batín marrón y sus calcetines blancos. Tenía un buen sofá pero no era culpa suya.
En verano iba desnudo por casa. Todo era distinto cuando se abría el telón y aparecía el calor sofocante. Detestaba los pájaros mojados que nombraban en las canciones. Era entonces cuando brotaba una de sus muchas pasiones: le encantaba cocinar. Sin embargo, aquel fin de semana había sido duro. Descolgó el teléfono y pidió comida china.