Era inútil, iba a alcanzarme de un momento a
otro.
Incansable, me perseguía como presa fácil, como una leona joven
jugando con una cría de gacela. Tarde o temprano me iba a cazar.
Corría con una espada de Damocles sobre mí, sentía la presión por
detrás, el sudor frío y la alternativa rendición a cada paso. Veía sombras a
mis laterales, fugaces como luciérnagas en una noche sin luna.
Por mucho que me girara no veía nada. Eran invisibles. Oscuridad.
De repente, un soplo de razón, de calma. Caer en la cuenta, y descubrir la
verdad. Mi propia sombra, mi peor enemigo. El peor enemigo, mi propia sombra.
* * *
Asi que voy a guardar en un cofre los pequeños detalles. Empezando por tus
mejillas y acabando por mi colección de pelotas de golf extraviadas.
jeje que curioso este post :) pero esta bueno...
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