Y pensándolo bien, me conformo con menos...






jueves, 3 de marzo de 2011

Madrid Porteña

La ciudad parece una estación de tren infinita y al llegar uno tiene la sensación de que todo el mundo está de paso desde hace mucho tiempo. Le advertí a mi compañero de viaje que aquel lugar era como un gran tapiz influido por el realismo mas salvaje. El paisaje verídico, objetivo, obligando al artista-turista a descubrir por su propia cuenta la belleza peculiar de sus pequeños detalles. En sus propias carnes sin anestesia. Lo normal es tropezar con innumerables bocas de metro, bares cada trece pasos, molestos semáforos en rojo, autobuses en fila india cruzando largas avenidas, mimos, músicos callejeros, estatuas humanas...

Mi amigo, algo aguafiestas, interrumpió mi exagerado asombro, mi saco de incoherencias.
No te entiendo gallego, ojala entender tu perspectiva, pero es que no veo la diferencia con otras ciudades, por ejemplo, Buenos Aires es tan parecida, bueno, acá las minas son más lindas, pero el Obelisco es nuestra particular puerta de Alcalá, nada a envidiar, el Bernabéu es la hija pequeña del Monumental, la recién nacida de la Bombonera, y no me hables de avenidas sin final boludo, nosotros tenemos la calle más larga del mundo
Amigo mío no sé, yo alzo la vista y me intimida. Señorial, elegante, la ciudad viste con estilo propio, yo no lo vi en otros lugares. Llegué aquí y me atrapó la sombra de un gigante, me convertí en algo insignificante, más humilde. A lo mejor Roma no se conquistó en un día por la misma razón, joder, pon un poco de tu parte.
A carcajada cómplice, sugirió visitar la Plaza Mayor, comer algo, descansar, y volver a la Tierra.
* * *
La capital inspira a los que andamos desorientados, funcionando como un faro de madrugada, mostrándonos donde está el acantilado  y donde el puerto. Durante los días que estuvimos deambulando por sus calles, contemplamos lo ilustre mezclado con lo mundano, lo difícil e improbable que era encontrar trozos de casualidad, lo asombroso que era girar una esquina y perderse. Disfrutamos como niños, a veces parecíamos irlandeses emigrando por trabajo al Nuevo Mundo. Tasca y una cerveza, cashate ya, entre el bullarengo me fijé que acá las señoritas que son guapas, lo son verdaderamente, y la fea es tan simpática que se vuelve cosa papa. Y razón no le faltaba, las rubia petrifican, y las morenas acojonan. Falta valor.
* * *
Fue extraño encontrarse aquel reducto natural entre tanto paraíso del cemento, piedra y hormigón. Un oasis con impunidad vitalicia que nos atrajo de manera fugaz. Sus jardines minuciosamente cuidados, infundían respeto. Cabizbajos, como pidiendo permiso, y tal vez queriendo aprovechar nuestro estado psicotrópico de alucinación, nos dimos un respiro.

Y sentados en un banco, perdimos nuestras miradas en una vieja fuente. De verdad te digo compañero, aunque no lo creas el Polo Norte debe ser bastante interesante. Estoy de acuerdo argentino, vamos a comer algo tengo hambre. ¿Alguna vez probaste la empanada de carne? Vos sos un ignorante…
Ella es así