Y pensándolo bien, me conformo con menos...






domingo, 20 de mayo de 2012

Adicción


"Soy adicto al porno, pero más triste es llorar..."



Hedonista o caprichoso, todavía no logro encontrar la diferencia,  por más que lo pienso, trato de quitármelo de la cabeza pero puede conmigo. Tal vez sea la razón por la que no he dormido bien, de hecho me levantado con las primeras luces intentando resolver el dilema. Hedonista o caprichoso. Se ha convertido en un pensamiento pegajoso, agobiante, como los autobuses en horas punta, atestados de gente que decide que no se ducha porque trabaja mucho, y como trabaja mucho, decide no ducharse, porque claro, el tiempo es oro, y trabajar quita mucho oro.

Me he levantado, me he mirado al espejo, y no me he reconocido. No importa, sea quien sea se acaba de despertar y está demasiado aturdido como para pararse a pensar que tipo es el que ronda los espejos del cuarto de baño. Me he duchado, no encontré la toalla, así que me he tenido que esnifar una raya de cocaína totalmente mojado. Lo sé, es peligroso, salir mojado de la ducha es causa fácil de resbalón, y del resbalón a la cadera rota hay una línea muy fina,  tan fina como la ultima ropa interior que dejaste olvidada por error en mi cama. Bueno, espera, creo que te rogué de rodillas que me la regalaras, no sé, tengo los recuerdos nublados.

Hedonista o caprichoso, me lo he repetido en el desayuno, temo que se convierta en costumbre infinita. También he tenido miedo antes, cuando me masturbaba. Después también tendré miedo, justo antes de salir a la calle, entonces me masturbaré, pero no porque lo necesite, sino porque sin temerlo, reconozco que se ha convertido en una costumbre infinita. Mi vida esta tan llena de costumbres infinitas públicamente reconocidas como perjudiciales que a veces me pierdo. No suelo tardar en encontrarme, sobre todo si me vuelvo a esnifar otra raya de cocaína. Y ya van cuatro esta mañana, y como leí en un buen libro que me dejo una amiga, “tengo la sensación de que voy a rematar un córner…”

He salido a la calle y el sol molestaba más que cualquier otra cosa, como recordándome que estaba jodido y que no tenía pensado ponérmelo más fácil. Me dirijo hacia ese sitio que me recomendaste justo después de nuestra última discusión, antes de que te despidieras y no volviéramos a vernos. Las despedidas la mayoría de veces traen consigo buenos consejos, lo que pasa es que solemos desecharnos, el odio o la tristeza nos impiden ver más allá, como la gente que se queja en vacaciones, o cree que le falta sal a la comida, problemas fuera de contexto. Mientras pensaba esto he llegado al lugar que me recomendaste el ultimo día que te vi, un lugar extraño abarrotado de tipos extraños que extrañamente y de forma muy siniestra te saludan con una sonrisa. Sonrisa protocolaria que llamo yo, actitudes de robot, sin sentido ni sentimiento. Una mujer que reunía todas estas características me ha acompañado a una sala pequeña. Estaba bien ventilada, pero ni rastro de ventanas, nadie puede escapar. El mobiliario era simple, siete sillas en circulo y en cada silla un tipo extraño de aquel lugar tan extraño. Parece ser que hay un medico, porque tiene bata blanca, sonríe más de lo debido, tal vez por dar ejemplo, y me hace un gesto para acompañar a todo el grupo. Bienvenido seas. Me siento por educación, y empieza la ronda de biografías autorizadas. Creo que ya sé qué sitio me aconsejaste visitar, presumen que son “especialistas”, me aseguran “rehabilitación” y me intentan convencer de que en realidad tengo un “problema”. Ninguna novedad. Entonces me doy cuenta de que estos tipos no son tan extraños, la gente que viene aquí es gente que intentó vivir, vivir de verdad, vivir sin presión, sin límite,  buscadores de placer y fugitivos del sacrificio impuesto (que es distinto y contrario al sacrificio voluntario). Son vividores, y eso les jode al resto de personas que no lo son, os jode bastante. El único problema que tenemos es simplemente ese dilema que surge con las primeras luces: hedonista o caprichoso. No lo podéis entender, por eso entiendo vuestros consejos. Es mi turno en la ronda, me levanto, me presento, y reconozco mi problema.

-“Soy adicto al porno, pero más triste es llorar…”


No hay comentarios:

Publicar un comentario