"Soy adicto al porno, pero más triste es llorar..."
Hedonista
o caprichoso, todavía no logro encontrar la diferencia, por más que lo
pienso, trato de quitármelo de la cabeza pero puede conmigo. Tal vez sea la
razón por la que no he dormido bien, de hecho me levantado con las primeras
luces intentando resolver el dilema. Hedonista o caprichoso. Se ha convertido
en un pensamiento pegajoso, agobiante, como los autobuses en horas punta,
atestados de gente que decide que no se ducha porque trabaja mucho, y como
trabaja mucho, decide no ducharse, porque claro, el tiempo es oro, y trabajar
quita mucho oro.
Me
he levantado, me he mirado al espejo, y no me he reconocido. No importa, sea
quien sea se acaba de despertar y está demasiado aturdido como para pararse a
pensar que tipo es el que ronda los espejos del cuarto de baño. Me he duchado,
no encontré la toalla, así que me he tenido que esnifar una raya de cocaína
totalmente mojado. Lo sé, es peligroso, salir mojado de la ducha es causa fácil
de resbalón, y del resbalón a la cadera rota hay una línea muy fina, tan
fina como la ultima ropa interior que dejaste olvidada por error en mi cama.
Bueno, espera, creo que te rogué de rodillas que me la regalaras, no sé, tengo
los recuerdos nublados.
Hedonista
o caprichoso, me lo he repetido en el desayuno, temo que se convierta en
costumbre infinita. También he tenido miedo antes, cuando me masturbaba.
Después también tendré miedo, justo antes de salir a la calle, entonces me
masturbaré, pero no porque lo necesite, sino porque sin temerlo, reconozco que
se ha convertido en una costumbre infinita. Mi vida esta tan llena de
costumbres infinitas públicamente reconocidas como perjudiciales que a veces me
pierdo. No suelo tardar en encontrarme, sobre todo si me vuelvo a esnifar otra
raya de cocaína. Y ya van cuatro esta mañana, y como leí en un buen libro que
me dejo una amiga, “tengo la
sensación de que voy a rematar un córner…”
He
salido a la calle y el sol molestaba más que cualquier otra cosa, como
recordándome que estaba jodido y que no tenía pensado ponérmelo más fácil. Me
dirijo hacia ese sitio que me recomendaste justo después de nuestra última
discusión, antes de que te despidieras y no volviéramos a vernos. Las
despedidas la mayoría de veces traen consigo buenos consejos, lo que pasa es
que solemos desecharnos, el odio o la tristeza nos impiden ver más allá, como la
gente que se queja en vacaciones, o cree que le falta sal a la comida,
problemas fuera de contexto. Mientras pensaba esto he llegado al lugar que me
recomendaste el ultimo día que te vi, un lugar extraño abarrotado de tipos
extraños que extrañamente y de forma muy siniestra te saludan con una sonrisa.
Sonrisa protocolaria que llamo yo, actitudes de robot, sin sentido ni
sentimiento. Una mujer que reunía todas estas características me ha acompañado
a una sala pequeña. Estaba bien ventilada, pero ni rastro de ventanas, nadie
puede escapar. El mobiliario era simple, siete sillas en circulo y en cada
silla un tipo extraño de aquel lugar tan extraño. Parece ser que hay un medico,
porque tiene bata blanca, sonríe más de lo debido, tal vez por dar ejemplo, y me
hace un gesto para acompañar a todo el grupo. Bienvenido seas. Me siento por
educación, y empieza la ronda de biografías autorizadas. Creo que ya sé qué
sitio me aconsejaste visitar, presumen que son “especialistas”, me aseguran
“rehabilitación” y me intentan convencer de que en realidad tengo un
“problema”. Ninguna novedad. Entonces me doy cuenta de que estos tipos no son
tan extraños, la gente que viene aquí es gente que intentó vivir, vivir de
verdad, vivir sin presión, sin límite, buscadores de placer y fugitivos
del sacrificio impuesto (que es distinto y contrario al sacrificio voluntario).
Son vividores, y eso les jode al resto de personas que no lo son, os jode
bastante. El único problema que tenemos es simplemente ese dilema que surge con
las primeras luces: hedonista o caprichoso. No lo podéis entender, por eso
entiendo vuestros consejos. Es mi turno en la ronda, me levanto, me presento, y
reconozco mi problema.
-“Soy adicto al porno, pero más triste
es llorar…”

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