Y pensándolo bien, me conformo con menos...






jueves, 29 de noviembre de 2012

No Es Época De Mandarinas



Gastó su tiempo con pena y sin Gloria. Esperando a nada, asomado a la ventana de su habitación pensó que ya no era época de mandarinas, y se entristeció todavía más. Bajó al comedor, abrió el viejo mueble bar  y saco una botella barata de whisky. Se escuchó entonces el sonido de aquel cementerio de botellas vacías, y se hizo la oscuridad.

Se ha despertado sin pena, ni Gloria. Ha comprado un billete de ida, ahora quiere respirar profundamente, hasta quedarse sin aliento y abandonar su agónica indiferencia ante el curso de la vida. Respira tranquilo. Provocará tormentas, atraerá la furia de envidiosos y cobardes, e incluso puede que Gloria llame para intentar persuadirle. Tu sitio es el que ocupa la mayoría, perteneces a un sofá y a una dieta equilibrada rica en vitaminas, tienes lo que te mereces, serás feliz por contrato y desde luego olvídate de domingos, vas a estar ocupado en tu horario mundano y solo descansaras cuando yo te lo diga o cuando caigas inconsciente sobre una cama de madera. Puede que muchos hipócritas entonces lloren tu perdida. Consuélate, también muere el aburrimiento

Se acabó vuestro tiempo, sois ruido.
Respira,  sonríe, y le da un mordisco a la manzana más verde.  

sábado, 17 de noviembre de 2012

La Reunión


Nunca he estado en un fumadero de opio pero gracias a Dios puedo imaginármelo, y eso me tranquiliza. Cuando no logro conciliar el sueño pienso que estoy en un fumadero de opio, atrapado entre el humo y los fantasmas, cumpliendo condena en un oasis en medio del gran desierto. 

Allí estábamos todos, no faltaba nadie. No había fotografías, sin pruebas ni prensa escrita, tampoco trucos baratos, pues ni éramos famosos ni teníamos nada interesante que anunciar, simplemente estábamos reunidos y eso era lo realmente importante. Estábamos juntos, buscando provocar una sinergia por encima de nuestras posibilidades, un arma de destrucción masiva capaz de destruir ese entorno estático que tanto tememos, asfixiante. Pretendíamos cambiar las reglas del juego, escapar del guion escrito, improvisar, actuar por instinto. Añorábamos la belleza de lo dinámico, la esencia, el sentido, y la pureza. Eternos peregrinos. Nuestra presencia aunque forzada e incómoda desde el principio, fue evolucionando como un gusano de seda, y a medida que trascurría el tiempo perdimos el miedo ganando confianza, peldaño a peldaño, sin prisas o amaneceres. 

La sala estaba poco iluminada, luces tenues y rojizas. Éramos almas perdidas pero no vacías, personas sedientas de experiencias con ganas de aprender como esponjas amarillas de ducha. Algunas solo esperaban el momento idóneo para dar esas lecciones que nunca pudieron permitirse impartir; otros simplemente escuchaban tímidos, observaban a su alrededor atentos a cada detalle, despertaban así de un largo sueño y amenazaban con provocar tormentas futuras. Era la hora del cambio, “crecer es aprender a despedirse”, recordó el más inocente en voz baja.