¿Quién pudiera
olvidar cafés de París
o
el amanecer de Lanzarote?
Confía,
anochecerás prematura.
Me
decías:
“Donde
manda capitán, no manda marinero”,
y
el silencio...
*
* *
Culpable
por mi vida de bodega,
perdimos
el contacto y la adherencia.
El
desierto es infinito aunque no eterno.
Rompimos nuestra multicolinealidad.
Cerramos
la puerta, y adiós corazón.
*
* *
El
mundo se desmorona,
tú
con los labios pintados,
como
incendios extinguidos,
todavía
ardiendo mudos.
Caerás
en la trampa del pecado.
Harto
de oasis y falsos espejismos.

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