Y pensándolo bien, me conformo con menos...






martes, 16 de septiembre de 2014

Creyente



 "Ha llovido mucho desde entonces". Nunca entendí esta frase. Tampoco a la gente que la pronuncia de forma aleatoria o  la utiliza de excusa. Como si olvidar dependiese de la lluvia. Como si las gotas de agua no tuviesen otras preocupaciones más importantes que ayudar a borrar los recuerdos. Detesto las mentiras. No hacen de este mundo un lugar mejor. Le pese a quien le pese no hay ninguna utilidad en ellas,  por mucho que nos vistan de superhéroes a corto plazo. No pierdas tiempo tratando de convencerme ni te autoconvenzas con empeño. Es imposible cruzar el océano en un barco de papel por muy grande que este sea. Suelo acordarme de un verso que enseña que “no se puede vivir del recuerdo, ni vivir sin recordar”. Por suerte los días en Septiembre siguen su curso natural. Me tranquiliza pensar que en alguna playa de Galicia ahora mismo comienza a llover. Pero sin trucos. Sin malas intenciones. De forma sincera. Natural. Verdadero como cuando sobre tu tripa dibujo con mis dedos húmedos el contorno de un ocho y siempre vuelvo al punto de origen. No hay ley física que explique este fenómeno así que seguramente será mejor que recordemos el mejor verano que tuvimos. Cuando decidiste cambiar rutina por nudismo y te permitiste el lujo de no pensar en nadie más. Solo ella.

Acumular demasiados pensamientos acaba convirtiéndonos en nuestro peor enemigo. La nostalgia de los buenos tiempos no es un baile fácil. Funciona como la peligrosa danza de una medusa en alta mar. Se aprecia belleza en el vaivén de los tentáculos pero no te acerques demasiado si no quieres que el veneno deje  señal en tu piel morena por el sol. El sol ha salido radiante esta mañana. Lastima que no tengamos edad para sorprendernos por este tipo de hechos. Por otra parte, me sorprende que no te hayas dado cuenta que no me canso de observar el dibujo que forman tus trenzas. 

Fui feliz durmiendo a tu lado aquella noche en la que se mezclaron de manera improvisada los sonidos más adecuados. Fueron escogidos por el azar de manera minuciosa. La brisa del mar es eterna y constante. Las noches de jazz de aquel club náutico se mezclaron con el ritmo de tu respiración. Y mientras tú, escondida en tu rincón favorito de la cama, dormías  ajena al espectáculo. Y yo, abstracto como un cuadro pintado bajo los efectos de ayahuasca, decidí arrancarte un abrazo. Tocarte es la mejor manera de inmortalizar los momentos sin molestar. El mejor sustituto del indiscreto  flash de una cámara de fotos.  

Julio Verne escribe en su novela “El rayo Verde” sobre mi fenómeno óptico favorito. Inventa basándose en una leyenda que cuando el sol desaparece en el horizonte del mar, si dos personas lo contemplan a la vez, quedan automáticamente enamoradas la una de la otra. Es exageradamente pegajoso y romántico para el cotidiano triunfo del egoísmo. Excesivamente infantil creer en este tipo de historias cuando es tendencia confundir sexo oral con saliva y alcohol. La divina comedia para los que desde hace años escupen a placer sobre el concepto hacer el amor convirtiéndolo, como escribio Joaquín, en sagrado derecho al pataleo. Terriblemente ficticio para los que pretendemos ser creyentes. Irremediablemente perfecto en mi humilde opinion. Dos personas atadas por arte de magia. Como Tristán e Iseo. Literatura total. Atadas junto a su voluntad con un nudo imposible. Seguramente por eso desde hace ya algún tiempo me he vuelto de manera comprensible adicto incondicional a los nudos marineros, a pegarme a tus manos como lapa en la roca, a besarte constantemente para llenar los huecos. Atarme a tu boca es el mejor atajo cuando llegamos tarde a ver esconderse el sol por el horizonte. Nos encanta llegar tarde. La culpa es de la playa. De hecho nos encanta la playa, y por eso solemos llegar tarde.

La playa es el opuesto perfecto del tiempo. Pregúntale a las algas, nunca te responderán. Al igual que no hay explicación al vivo color rojizo de aquella  estrella de mar que descubrimos mientras perseguíamos bancos de peces.  La playa no entiende de relojes y fuimos ruido para ella. Aunque no pasó el tiempo cuando en silencio jugábamos a las cartas. Tú empiezas ganando. Sumas victorias partida a partida e incluso me tienes ganado. Indiscutible ganadora terminas siendo imbatible. Exagerarte es un gusto. Entre la burla y la medalla confiesas tus trampas. Entonces como los niños exijo venganzas  y revanchas que sigo perdiendo incansable. Me idolatro por saber perder pero acabo gruñendo por no entender tus atajos. Molesto por lo insignificante consigo enfadarte y es entonces cuando corro apresurado a firmar la paz. Rezo para que no sea demasiado tarde.  Busco la broma fácil. Me disculpo arrepentido. Como un delantero oportunista me cuelo entre la defensa para marcar un gol en fuera de juego. Besarte enfadada es tirar una moneda a cara o cruz.  Se me hiela la sangre cuando sale cara y me permites callarte. Puedes reírte todo lo que tú quieras del eterno sudor de mi frente.  Voy a seguir aprovechando cada descuido para jugármelo a cara o cruz. Seguiré vendiendo lo que haga falta por tu cuerpo desnudo, como un vendedor más de coches ocasión, como los que suelen aparecer en películas americanas de los años 80.

No hay treguas en  nuestra lucha psicológica. No hay pactos en el ritual. Adoro la provocación por la unión de dos cuerpos frágiles. Hacerte el amor es volver a nacer, seguir creyendo y morir matando. Morir con el mejor funeral posible: el orgasmo final. Ni los canticos de mil barras bravas coreando tu nombre podrían llegar a confundir el significado que otorgo a tu orgasmo final.

Seguimos en la playa. Continuamos jugando a las cartas. En un aparente silencio  parece que finjo cuando expongo mi preocupación. Ojala nos hubiéramos conocido antes. Ojala no seas sueño. Ojala seamos verdad rompiendo barreras. Ojala conmigo infinito. Ojala aburrir tus tristezas, miedos y alegrías. Ojala seas real. Y me respondes poniendo mi mano en tu pecho desnudo al sol. Y yo empiezo a creer hasta convertirme en creyente. Y entonces ya no parece que haya llovido tanto desde entonces. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario