- La Jaula De Faraday -
Manuel es cocinero.
El próximo Sábado se cumplen cuatro años desde que decidió que sus acciones y movimientos tendrían sentido. Cada frase pronunciada. Cada letra escrita. Cada elección escogida. Cobrarían un significado propio.
Adecuaba su rutina minuciosamente evitando perder el tiempo y haciéndoselo perder a los demás. Manuel era educado, sabía escuchar, y valoraba el silencio con-sentido. Sus preocupaciones diarias consistían en cuidar a su clientela y mantener la cocina lo más limpia y ordenada posible. Perfeccionista convertido, todo tenía que estar colocado en el lugar exacto, en el momento idóneo. Los días libres se conformaba con leer en la terraza y contemplar el ruido de la plaza.
El próximo Sábado se cumplen cuatro años desde que decidió que sus acciones y movimientos tendrían sentido. Cada frase pronunciada. Cada letra escrita. Cada elección escogida. Cobrarían un significado propio.
Adecuaba su rutina minuciosamente evitando perder el tiempo y haciéndoselo perder a los demás. Manuel era educado, sabía escuchar, y valoraba el silencio con-sentido. Sus preocupaciones diarias consistían en cuidar a su clientela y mantener la cocina lo más limpia y ordenada posible. Perfeccionista convertido, todo tenía que estar colocado en el lugar exacto, en el momento idóneo. Los días libres se conformaba con leer en la terraza y contemplar el ruido de la plaza.
No es casualidad que el próximo Domingo se cumplan cuatros años desde que decidió abrir su "pequeño restaurante con encanto". Situado en la esquina de una de las calles con
mas historia del barrio de Malasaña, servía el postre con el mayor significado jamás
contado: La Jaula de Faraday.
Imagine
un núcleo de chocolate blanco venezolano del tamaño de una canica. La bola está
cubierta de arándanos cristalizados manchados con minúsculas
gotas de mermelada de cereza. Y duerme en medio del plato sobre sirope de agave, enjaulada
por unos barrotes hechos de trufa belga y praliné de avellana de fruta de la pasión. La
jaula se cubre con un velo de mango y espuma de coco.
Se dice que Manuel guarda dos ingredientes más bajo llave. Pero él únicamente se limita a sonreír cuando le preguntan. Prefiere mantener el sentido de su creación en secreto. Nadie sabe si la obra de Manuel fue fruto de sus miedos o de su afán por buscar la armonía imposible. Le perturbaban las tormentas y los apagones. Le apasionaba el equilibrio electrostático de las cosas cotidianas.
Se dice que Manuel guarda dos ingredientes más bajo llave. Pero él únicamente se limita a sonreír cuando le preguntan. Prefiere mantener el sentido de su creación en secreto. Nadie sabe si la obra de Manuel fue fruto de sus miedos o de su afán por buscar la armonía imposible. Le perturbaban las tormentas y los apagones. Le apasionaba el equilibrio electrostático de las cosas cotidianas.
Y mientras Brigitte Bardot denuncia en los periódicos que próximamente en el Nepal se producirá la mayor matanza animal del año, llega la hora del postre. Un cliente
pide La Jaula de Faraday. Sin saber muy bien porqué, a excepción de Manuel.

