Y pensándolo bien, me conformo con menos...






lunes, 1 de diciembre de 2014

La Jaula De Faraday



- La Jaula De Faraday - 


Manuel es cocinero. 

El próximo Sábado se cumplen cuatro años desde que decidió que sus acciones y movimientos tendrían sentido. Cada frase pronunciada. Cada letra escrita. Cada elección escogida. Cobrarían un significado propio. 

Adecuaba su rutina minuciosamente evitando perder el tiempo y haciéndoselo perder a los demás. Manuel era educado, sabía escuchar, y valoraba el silencio con-sentido. Sus preocupaciones diarias consistían en cuidar a su clientela y mantener la cocina lo más limpia y ordenada posible. Perfeccionista convertido, todo tenía que estar colocado en el lugar exacto, en el momento idóneo. Los días libres se conformaba con leer en la terraza y contemplar el ruido de la plaza.

No es casualidad que el próximo Domingo se cumplan cuatros años desde que decidió abrir su "pequeño restaurante con encanto". Situado en la esquina de una de las calles con mas historia del barrio de Malasaña, servía el postre con el mayor significado jamás contado: La Jaula de Faraday.

Imagine un núcleo de chocolate blanco venezolano del tamaño de una canica. La bola está cubierta  de arándanos cristalizados manchados con minúsculas gotas de mermelada de cereza. Y duerme en medio del plato sobre sirope de  agave,  enjaulada por unos barrotes hechos de trufa belga y praliné de avellana de fruta de la pasión. La jaula se cubre con un velo de mango y espuma de coco. 

Se dice que Manuel guarda dos ingredientes más bajo llave. Pero él únicamente se limita a  sonreír cuando le preguntan. Prefiere mantener el sentido de su creación  en secreto. Nadie sabe si la obra de Manuel fue fruto de sus miedos o de su afán por buscar la armonía imposible. Le perturbaban las tormentas y los apagones. Le apasionaba el equilibrio electrostático de las cosas cotidianas.

Y mientras Brigitte Bardot denuncia en los periódicos que próximamente en el Nepal se producirá la mayor matanza animal del año, llega la hora del postre. Un cliente pide La Jaula de Faraday. Sin saber muy bien porqué,  a excepción de Manuel.


Impronta


- IMPRONTA -


No sé en qué momento surgió mi arte más caníbal. Temiendo mi timidez me atrevería a recordar que era de noche y hacia frio. La ciudad me quedaba demasiado grande, buscaba refugio, y encontré la mejor guarida dentro de tu chaqueta negra. Tu perfume fue lo de menos. Olerte tan cerca lo de más. Te comprendo, pero no le tengas miedo a mis desvaríos. Entiende que no pude evitarlo. Suelo rozar el ridículo cuando me surge el extraño impulso de quererte en público. Absurdo invierno con sus dulces y creativas maneras de llamar tu atención.  Ahora preocúpate, el día menos pensado te como hasta hacerte desaparecer.

Por dónde íbamos. Ya no me acuerdo. Demasiado movimiento Los días transcurren fugaces y  yo prefiero admirarte despacio. Innata calma del que nació en el Mediterráneo. Mi yo talibán persiguiendo tu falda no se cansa y nunca son suficientes los salmos que te escribo cuando decido trasnochar. Quizá enfermé por monotonía de pensamiento, los fanatismos nunca desembocan en aguas sanas. Desde que decidí convertirme a la religión del tacto de tu cuello debo haberme convertido en un tipo inquietamente aburrido. Oírte respirar y memorizar tus manías. Demanda y oferta. La coherencia más arbitraria con la que me despierto todas las mañanas. Es caótico mantener la cordura y la numerología hindú tampoco ayuda. Deja de reírte que me sonrojo.

Seguramente me gobierne la primera decisión, era de noche y hacía frío. La ciudad me quedaba demasiado grande, buscaba refugio y me encontré con la mejor impronta de mi vida: tú y tu chaqueta negra como guarida perfecta para hibernar durante un tiempo todavía por definir. Así que mientras decido si soy más gregario de tu boca o del sonido de las palabras que salen de ella, hazte a la idea de mi siniestra presencia. No tengo intención de salir al exterior si no es para acompañarte a por un café al bar de la esquina.


Vuelvo a trasnochar y me he quedado sin folios. Entonces mi mente quiere abrir la ventana y gritar “no vuelvas a irte sin mí”. Absurdo invierno con sus dulces y creativas maneras de llamar tu atención.